Llega el Papa: ¿una visita política?

"El camino de servicio de Francisco está claro. Seguramente lo recorrerá con generosidad y libertad evangélica: dirá todo lo que haya que decir, guste o disguste a quien sea", P. Gustavo Jiménez Cadena, S.J.

¿La visita del Papa Francisco a Colombia tendrá una finalidad política? No, no y no. ¡De ninguna manera! El nuncio apostólico lo ha aclarado desde el primer momento: “tiene un carácter espiritual”. El Papa no viene a dividir, sino a unir: no viene a construir muros sino a tender puentes.

El clima social de Colombia es de tan alta sensibilidad, estamos tan absurdamente polarizados, que el darle un cariz político a la visita del Pontífice significaría destinarla al fracaso desde un comienzo y convertir en suspicacias la alegría que hoy experimentamos.

Con todo, la pregunta del millón es ésta: ¿Es posible, en el aquí y ahora de Colombia, que la visita del Papa, si quiere cumplir su misión apostólica, carezca de significado político?

El perdón, la paz, la reconciliación son valores cristianos. Pero los caminos concretos para conducir hacia esas metas a un país entero, fracturado por medio siglo de matanzas, odios y divisiones, implica tareas eminentemente políticas, en las que habrá diversidad de opiniones. Desafortunadamente, muchas veces las opciones políticas se toman no en función de los intereses nacionales sino de intereses individualistas y sectarios.

El Papa Francisco no llega al país del postconflicto. Llega a un país en pleno apogeo del conflicto: desde la firma del acuerdo con las FARC los homicidios y los actos terroristas han disminuido, pero los ánimos de los sectores políticos se han enfurecido cada vez más hasta el grado de politizarlo todo, precisamente alrededor del tema del proceso de paz.

Analizando el panorama colombiano con instrumentos estrictamente sociológicos, se ve claro que, sin que necesariamente lo pretendan así los líderes supremos (Juan Manuel Santos y Álvaro Uribe), la realidad social ha llegado hoy al punto de que cualquier avance en la implementación del proceso de paz contribuye a mejorar la imagen del presidente, y al revés, cualquier demora, tropiezo o fracaso, ayuda a fortalecer la política uribista. Todo en vista a las elecciones del 2018.

“Colombia – en palabras del cardenal Rubén Salazar- está viviendo un momento crucial en el que se va a definir el futuro del país: o dejamos atrás todo lo que ha sido nuestra historia de violencia, de injusticia de guerras y enfrentamientos, o vamos a hacer las paces y a ser capaces de caminar hacia el futuro. Queremos que la visita del Santo Padre motive a todo el país para que abandonemos el pasado de rencillas y de enfrentamientos y construyamos un país mejor”.

El Papa siempre ha querido para Colombia la búsqueda de la paz a través de la negociación, no a través de acciones de guerra que aplasten al enemigo. De ahí que, cuando conoció el acuerdo de La Habana, exclamó: “Me siento feliz con esa buena noticia. Confío que los países que han trabajado para labrar la paz blinden este acuerdo para que nunca más vuelva a un estado de guerra”. No es creíble que al llegar a Colombia modifique su derrotero: nos invitará, sin duda, a continuar con tesón por la ruta ya emprendida hacia la paz.

El camino de servicio de Francisco está claro. Seguramente lo recorrerá con generosidad y libertad evangélica: dirá todo lo que haya que decir, guste o disguste a quien sea. Pero, recordémoslo, su caminar lo da sobre las arenas movedizas de la política colombiana en la que sus palabras y gestos al servicio de la paz y la reconciliación serán eventualmente tergiversados y malinterpretados.

Los principios evangélicos de fraternidad y paz, aplicados al momento social de Colombia, habrán de levantar ampolla en ciertos sectores políticos, pero de ninguna manera podrán considerarse como intervención indebida de la religión en la política.