Una Flota de Ataúdes

Como hemos dicho, el primer apóstol de la raza Negra fue el padre Alonso de Sandoval, quien comenzó a trabajar en Cartagena de Indias y escribió su importante libro sobre la materia: "De la salvación de los esclavos".
 

A veces, cuando llega un barco, Claver no espera. Toma una pequeña canoa y se va al sitio donde los esclavos esperan el desembarco. El espectáculo es siempre triste. Un repugnante olor a pescado y basura satura el ambiente. Los esclavos van saliendo desnudos. Su mirada es de terror, pues esperan la muerte inminente al pisar tierra. Una y otra vez preguntan cuándo llegará este terrible momento.
Los intérpretes intentan calmarlos, diciéndoles: "Aquí está el padre Claver. Él los ama". Ignorando sus lenguas, por señas les muestra compasión y los abraza. Primero, se acerca a los niños moribundos y los bautiza.... Después a los otros enfermos.

Claver era hombre sencillo, lleno de amor... "El Señor te ama muchísimo, muchísimo", les decía. Está lleno de valor. Más de una vez, cuando su cuerpo se rebela a la vista de una herida abierta o la repugnancia de un leproso, se retira a un lugar recatado y castiga su cuerpo con una fuerte disciplina. Entonces se serena, va a inclinarse ante el enfermo y besa aquella llaga repugnante.

El hermano Nicolás González acompaña al santo en su visita a los enfermos. En cierta ocasión observa cómo se acerca a una pobre mujer enferma, recluida en un cuarto oscuro donde el calor era terrible y el olor espantoso. El hermano está a punto de desmayarse. Entonces Claver le dice: "Hermano, retírese", y el padre besa las llagas de aquella pobre negra.

Estas escenas se repiten y multiplican a diario entre 1622 y 1654, cuando con frecuencia llegan a Cartagena los barcos negreros. El Colegio de los jesuitas estaba muy cerca del puerto y Claver prometía orar de manera especial por el primero que le diera la noticia de la llegada de esos barcos.

Su aposento era muy pobre: una silla desvencijada, una cama con su estera. En un rincón almacenaba alimentos: limones, naranjas, tabaco, "aguardiente". Al anuncio de la llegada de un barco, los intérpretes negros que eran "sus manos", acudían presurosos a recoger todos estos objetos. Uno de ellos era el llamado "El Calepino" pues llegó a hablar 12 lenguas Africanas. Otros eran Andrés Sacabuche, Ignacio Albañil de Angola, Francisco Yolofo de Guinea; Manuel, José Monzolo. A cada uno de ellos le asignaba un trabajo.

El aspecto de Claver era singular: llevaba siempre un bolso de cuero colgado de su hombro izquierdo. En él guardaba un manual eclesiástico, aceite consagrado, una cruz, tabaco, ropa, etc. etc.

Durante casi cuarenta años Claver fue esclavo de los esclavos... Enseñó el catecismo de cinco a ocho horas diarias. Cientos de miles de estos pobres negros fueron bautizados por él. Acudía a los hospitales y a las chozas de los pobres dentro y fuera de la ciudad, para ayudarles a bien morir. Las damas de la alta sociedad cartagenera, doña Isabel de Urbina o doña Mariana Delgado, si querían confesarse con el padre, debían esperar por largas horas hasta que terminara de confesar a todos los esclavos. Y afirmaba que a las personas ricas les sobraban los confesores, pero los infelices negros no tenían quien los atendiera.

El médico, doctor Adán Lobo narra en el proceso de canonización del santo que un día de 1645 al entrar a la casa de Francisco Manuel, oyó la voz de una mujer que decía: 'No Padre, no hagas eso', y sospechando algo malo, por curiosidad se asomó a ver qué pasaba, y vio al Siervo de Dios lamiendo una horrible úlcera a una india. Y después fue al Colegio y pidió perdón al Padre Claver por haber pensado mal de él; y el Padre lo abrazó benévolamente, y le instó para que no dijera a nadie lo que había visto. Y cosas semejantes hizo con otros enfermos e incurables... El doctor tenía tal admiración y respeto por Claver que buscaba la ayuda del santo cuando iba a visitar algún enfermo, seguro de que su asistencia sería muy eficaz para devolver la salud al paciente.

Son numerosos los casos que pueden mencionarse de la dedicación y generosidad heroica de Claver en el trato con los esclavos y pobres enfermos. Fue extraordinaria su dedicación en la asistencia a los leprosos y demás enfermos de los hospitales. Todo ello puede encontrarse en las diversas biografías del santo, principalmente en los libros publicados por el padre Ángel Valtierra S. J. Pueden adquirirse en inglés y en español a la entrada del Santuario.