El Mercado de Esclavos

Se calcula que entre los siglos XVI y XIX fueron traídos del África a América entre doce a catorce millones de esclavos. Eran perseguidos como animales en su patria, atados con cadenas y transportados en las calas oscuras, húmedas y apestosas de los barcos hasta el Nuevo Mundo.
 

Las condiciones en que se encontraban a bordo eran horrorosas y superan cualquier descripción. Muchos enfermaban y morían. Se calcula que un tercio "de la carga" se perdía por esta causa. Ellos pensaban que los traían para matarlos, y que su sangre servía para pintar las banderas de los barcos. La realidad era otra, pero no menos cruel: llegaban para ser vendidos en el que se llamó "mercado de ébano" y repartirlos por toda la América. Un mercado de carne humana.

Algunos, muy pocos, se compadecían de estas pobres gentes. Asomaba entonces una pequeña luz de esperanza que les tendía la mano para aligerarles el dolor y animarlos un poco. Uno de ellos, el principal, fue el padre Pedro Claver, quien les mostraba un inmenso amor y les recordaba que eran hombres y mujeres dignos de respeto, que él sería su defensor, "El esclavo de los esclavos".

El Papa León XIII escribió: "Después de la vida de Cristo, ninguna ha conmovido tan profundamente mi alma como la de San Pedro Claver".