Paz

El 6 de septiembre de 1654 al amanecer, se escuchó una voz por toda Cartagena: "¡El santo se muere!" Después de varios años de silencio y olvido, las gentes lo recordaron en aquellos últimos momentos. Al día siguiente perdió el habla, y el 8, entre la una y las dos de la mañana, sin hacer ningún movimiento, pacífico y sereno, murió.
 

Más tarde escribió el hermano Nicolás: "Entre la una y las dos de la mañana del ocho , mientras yo le sostenía delante un crucifijo, con gran suavidad, como si durmiera, de tal manera que a algunas personas les parecía que aún estaba vivo pues no había dado ninguna señal, entregó su gran alma a Dios. Quedó con el mismo semblante que siempre tuvo, y yo conocí que había muerto porque de repente se le mudó la cara pálida y muy macilenta, en una belleza y esplendor extraordinarios, y conocí que su alma gozaba de Dios, separada del cuerpo. Me arrodillé entonces, besé sus pies muertos, muy bellos y blancos, como de alabastro, pero blandos, porque los tenía muelles y suaves como si fueran de seda. Los otros hicieron lo mismo"

Tres siglos han pasado, y cada día que pasa son muchos los que reciben muy ricas enseñanzas del trabajo y generosidad de este hombre. Hoy, él está vivo, presente con todas sus virtudes y con su amor como "EL ESCLAVO DE LOS ESCLAVOS".

Su casa en Cartagena es un lugar santo donde usted inmediatamente se sentirá como en su propio hogar, independientemente de sus creencia religiosas, o del color de su piel.

¡San Pedro Claver lo logra!