Sus últimos días.

Un día de 1650 regresó Claver de una misión en el campo. Estaba muy débil; su rostro era pálido. Tuvo que irse a la enfermería del Colegio.
 

Allí permaneció por cuatro años, reducido al lecho de enfermo. Ese hombre, de personalidad tan dinámica, hubo de permanecer inmóvil. Allí pasaba los días en la soledad, atendido solamente por el esclavo Manuel, quien le servía muy mal. A veces lo dejaba todo un día sin alimento. Lo trataba con rudeza al vestirlo o arreglarle el lecho. Una vez, el mismo Manuel notó que Claver levantaba el brazo para bendecirlo en señal de perdón.